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martes, 3 de noviembre de 2015

DE DISEÑADORES Y FÓRMULAS COMERCIALES

Aunque sé que tengo muchas reseñas pendientes de colecciones masculinas, mi instinto me sentó a escribir sobre una de las dualidades que genera la forma en que se concibe la moda de autor en el país. Luego de las diferentes discusiones que hemos tenido sobre el tema, los conversatorios sobre semanas de la moda, y las colecciones repetitivas que hemos visto en pasarelas colombianas, es necesario preguntarse por qué caemos en la repetición de un concepto exitoso para mantener las ventas de una marca, y qué tan bueno o perjudicial es esto para el desarrollo de la industria de la moda de autor. 

Si bien he mencionado en el blog un caso de éxito del diseño colombiano que repunta en ventas (con un trunk show en Moda Operandi cuyas prendas eran más costas que las de Estéban Cortázar), siento que no he dado la profundidad necesaria al tema. De este modo, me remito a diferentes tuits que he publicado hablando de que, en algún momento, quemaremos la propuesta de Johanna Ortiz. Es necesario decir que tomar un concepto y hacer varias colecciones con el mismo punto de partida funciona para diferentes marcas, y Dolce&Gabbana es el principal exponente de cómo Italia y todo su contenido cultural inspira sus colecciones temporada tras temporada. Pero cansa. Ya estamos aburridos de ver lo mismo, una y otra vez en las colecciones de Dolce, Aunque en las cifras de venta el resultado sea diferente. 
Estampados coloridos, inspiración barroca, Italia por todas partes.
Dolce&Gabbana y su fórmula para conquistar todos los mercados.

Johanna Ortiz ha logrado llegar a puntos tal vez desconocidos para el diseño colombiano. Estar en boca de Leandra Medine en Man Repeller, Olivia Palermo descubre sus hombros con uno de sus tops más famosos, y Amanda Seyfried lleva un vestido suyo en una editorial de moda fotografiada por el mismísimo Mario Testino. Su fórmula, muy parecida a la de Dolce&Gabbana, un concepto que inspira varias colecciones con variaciones en su historia, pero con una línea creativa precisa. Hasta ahí, todo bien. El problema inicia cuando a más de un año y medio de la colección refrescante que cerró Colombiamoda, las prendas que vemos tienen casi que la misma silueta, una interpretación femenina y sofisticada de la mujer colombiana, sus hombros descubiertos son una clara oda a las mujeres santandereanas y del caribe, y las siluetas como flores siempre me traen las orquídeas a la mente. Johanna hace una oda a Colombia, a sus colores y sus siluetas. 

En el aspecto creativo, lo primero que se viene a la mente, al ver tantas colecciones seguidas con el mismo concepto es una evidente falta de inspiración de la diseñadora caleña. En la creciente ola de nuevos talentos, la inspiración y las nuevas ideas son un relativo panorama. Podemos llenar parrillas con diseñadores, nuevos y consagrados, y ver diferentes propuestas en todo tipo de prendas. Genera cierta angustia restringir el talento de Ortiz a sus camisas de hombros descubiertos y a sus vestidos de boleros, pero la estabilidad que genera esto en su negocio es algo diferente.

Fórmula constante de la diseñadora, en sus cinco últimas colecciones.
Y ese es el punto al que he querido llegar con esta entrada, comprendemos el diseño de autor como una industria refrescante y creativa, pero el aspecto comercial, el que sostiene al negocio, siempre ha sido dejado de lado al juzgar dichas propuestas. ¿Es posible que las colecciones con referentes repetitivos se conviertan en la base de las marcas dentro del trópico que buscan un espacio en mercados extranjeros? Si bien, no es lo esperado, y la reinvención debe ser una constante en cualquier labor creativa, hoy por hoy aplaudo la estrategia de Johanna Ortiz para solidificar una propuesta que se abre su espacio allá afuera, y espero que este aplauso se convierta también en una alerta para que, después de su consolidación, su talento como diseñadora permita explorar nuevos territorios.

Y en conclusión, sabiendo lo difícil que es llevar una propuesta de diseño a un mercado que aún huye de las prendas de autor por su precio, este es un reconocimiento a aquellos diseñadores que pueden llevarnos en dos propuestas, con menos de seis meses entre ellas, de la tierra embera a los cuentos chinos, de una paleta completamente negra a los tonos tierra, de los tejidos artesanales al dénim, y de las pieles a los encajes en prendas masculinas. Todo esto, dentro de una propuesta de negocio que se solidifica por sí misma, y esperando una apertura tan grande como las propuestas que ya mencionamos.

¡A la vuelta de la esquina, más reflexiones de moda con amor!

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