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domingo, 1 de febrero de 2015

DE LOS MILLENNIALS Y LOS UNIFORMES

Hace poco me pidieron describir el blog, y descubrí que ya no somos el mismo blog de moda masculina que fuimos hasta hace algo menos de un año. En el proceso de reinvención, que me ha tomado algo más de seis meses, entendí que este es mi libro de historias de lo que me sucede a diario, y cómo es que veo la moda cada uno de esos días. Y esta es una de ellas. 

Los millennials ya tenemos el mundo en las manos, y yo como parte de esta generación, ya tengo memorias e historias qué contar de nosotros los que crecimos en este nuevo milenio, del 2000 para acá. Bueno, la generación también incluye a los que crecieron en los noventa, pero los que crecimos hace menos tiempo, hasta hoy percibimos que sí, nos hacemos viejos.

¿Por qué hablar de la década del 2000? Porque fue la época de cursar mis años escolares, y aquí tocaré un tema que siempre me genera posiciones encontradas: el uniforme escolar.

Ya hace dos años terminé el colegio, y desde antes de graduarme ya la moda causaba un interés determinante en mi vida. Este año, de nuevo revisando el tema, he descubierto muchos avances en el diseño de los uniformes, sabiendo que algunos colegios deciden solicitar asesoría en el diseño de sus uniformes. Además, la oferta en accesorios para complementar las necesidades de un estudiante han crecido de manera desorbitante, pude contar más de cien modelos diferentes de zapatos blancos escolares, y ahora la principal marca de morrales ha crecido en su oferta, hasta ofrecer modelos de bolsos escolares para niñas.

A los millennials nos han servido el mundo en bandeja de plata, o eso es lo que se dice sobre nosotros. Y creo yo que es todo lo contrario. En un mundo de hiperconexión, la susceptibilidad al mercado es algo aún más fuerte para nosotros. La capacidad de decidir lo que queremos usar, en aras de conservar la individualidad pero sin desentonar de nuestros demás compañeros (haciendo la claridad de que el colegio es uno de los ambientes más hostiles a los que nos enfrentamos), se convierte en algo esencial entre tantas opciones del mercado consumista.

Yo recordaba mis zapatos de colegio, con aroma a chicle y siempre bien pulidos. El uniforme, que nunca llegó a gustarme, y la claridad sobre cómo portarlo. También, las normas transgredidas usando otros accesorios, que implicaban decomiso. Recuerdo que la oferta siempre fue menor, y que año tras año los zapatos eran el mismo modelo.

Hoy en día qué puede significar un uniforme para un niño bombardeado por las miles de opciones de mercado para usarlo, o que esas piezas deban ser adaptadas a ciertos estándares de diseño (en los colegios de estratos altos) para considerarse agradables. Recuerdo yo, que los uniformes se convertían en la identidad de la institución, lo que representaba, y la pulcritud para usarlo.

Hoy que nos hemos desapegado del hecho de que la pulcritud se vea reflejada en un manual de estilo, y que entendemos la libertad de expresión desde lo que queremos reflejar como seres humanos, el uniforme no implica lo que antes quiso inculcar. Y menos cuando un niño debe pensar en "personalizar" su uniforme, más allá de la característica principal de éstos, que es hacer ver a todos sus estudiantes de manera similar, y así mismo hacerlos conscientes de que hacen parte de una sociedad.

Para mí fue mucho más fácil asumir esto, porque las normas deben respetarse, y aprender a llevar un uniforme implica ceñirse a las normas de un espacio determinado, cosa que alabo del uso sensato del uniforme. Y más cuando se resumen las ofertas a lo justamente necesario. Y por eso no es tan fácil hoy para nosotros,  cuando hasta elegir un uniforme se convierte en un despliegue de opciones, que van desde ortopedia hasta tendencia. Y es allí donde radica el problema de esta generación: más opciones de las que podemos procesar.

Aún recuerdo el atractivo más importantes de los zapatos de uniforme: nada de cordones, y el clásico olor a chicle. Y los distintos uniformes que porté con orgullo y respeto. La travesía de los cuadernos de carritos y de Mickey Mouse, y mi cartuchera, que aún hoy, permanece llena de colores, marcadores y lapiceros en gel. Y sí, como buen Millennial, esas vivencias ya pasaron a la historia.

Y para terminar, recordando un poco el color elegido por Pantone para ser el color del año, estuvo presente en una de mis colecciones favoritas del París Fashion Week Menswear. Unas fotos de Marsala en Dior Homme, y mis looks favoritos.



Fotos de Style.com

¡Hasta pronto!


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